Reseña Histórica

Uno de los primeros hacendados de Ninabamba que es una parte del valle del Torobamba, fue don Diego Ordóñez y Rojas, posiblemente pariente del encomendero de Quinua don Pedro Díaz de Rojas en 1570. Don Diego vende su hacienda, el año 1628 de 200 fanegadas, a los Jesuítas, para vender en una suma fabulosa, la hacienda tuvo que estar mejorado y en plena producción.

Antes de 1,646, las tierras de Patibamba otra fracción del valle del Torobamba es de propiedad de don Blas de Mancilla, y que vende esa propiedad a los Jesuítas.
Asimismo la Hacienda de Sarabamba, vecina a Ninabamba, fue vendida a los Jesuítas por el mismo señor Blas de Mancilla; como también la Hacienda de üras que era de su propiedad.

En Anco, otro de los Hacendados hasta 1,729 era don Joseph de Mendoza, quien vende sus tierras a los Jesuítas.
A fines del siglo XVII, los Jesuítas son propietarios de grandes extensiones de tierras en la sierra y ceja de selva de la provincia de La Mar, las más productivas; y lo poseen hasta su expulsión, que se realiza el año de 1767 (siglo XVIII). En las primeras décadas del siglo XVIII los Jesuítas, mediante cofradías seguían incorporando tierras, como la de Qeqra que se encuentra en los inicios del valle del Torobamba, por debajo de la ciudad de Tambo, que fue pretexto de nombre o dirección del Señor de la Agonía, entregan sus tierras a estos Clérigos; indudablemente mediante presiones.

Las tierras del Sol o del Inka, durante el Inkanato, devienen en la Colonia, en haciendas en el que se implantan obrajes y en donde trabajan siervos, yanaconas, mitayos, esclavos y hasta sentenciados, por delitos como en Ninabamba.
El Estado Español a través del Virrey organiza a alcaldes, regidores y fiscales a nivel local, sobre ellos y de mayor jerarquía el curaca, que era un nativo local y servil a los dominantes y sobre todo al corregidor de Huamanga, paralelo a ello estaban organizados los religiosos, en encomiendas que se subdividen hacia menor jerarquía en: doctrinas, Parroquias, curatos, capillas, cofradías y archicofradías.
Entre la organización del Estado Colonial y la Iglesia, al nativo lo sumían en la pobreza, y la riqueza que creaban mediante su trabajo eran enviados a Huamanga, para su inversión en la construcción de los templos y en todo el andamiaje colonial.

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